Los vaivenes estéticos de la banda uruguaya se condensan en un solo disco, que en realidad no es uno, pero tampoco dos, aunque el soporte físico sean dos CD.

Vienen en una sola caja, en la que Kahlo parece haber metido más que un soplido, y con dos figuras conceptuales muy claritas y diferentes. Piel y hueso, o cerebro y corazón, los elementos en este caso.

Las canciones van y vienen, urgentes. Aceleradas, para llorar o reír. Rockeras las 12 del primer disco; y tranquilas, reflexivas, las seis del segundo, como marcando los tiempos que los colores y el título señalan como guías.

Sus letras llevan el pulso con ironía y humor, con acidez y sin concesiones, buscando esa tercera persona que puede representar al que escucha o al que canta.